viernes, 19 de abril de 2024 00:02h.
Política
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Diez años sin Suárez, y algunos con Sánchez

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Añoramos a Suárez y tenemos a Sánchez. Me gustaría pensar que Pedro Sánchez tiene un proyecto de país y no un proyecto obsesivo de supervivencia personal en la política a costa de lo que sea. Pocas veces la política, que con frecuencia es el arte de mentir sin que se note, en el mejor de los casos en aras de un fin superior, ha alcanzado tan altas cotas de mentira, a todas horas, sin pestañear. No solamente Sánchez, pero muy especialmente Sánchez.

Imagen del tiempo polarizado

Del tiempo polarizado

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Al final, los ciudadanos son las víctimas aunque algunos se empeñen en no enterarse y hacerle el juego al sistema

Imagen Sanchismo

Sanchismo: arquitectura básica

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El sanchismo se configura como tal. Lo que hasta ahora era un apelativo despectivo hacia el protagonista de la historia y lo que le rodea, genera y provoca, ahora es ya un hecho consumado. En términos generales podemos definir al llamado “sanchismo” como una  ambición personal, carente de escrúpulos morales o  proyecto a largo plazo, que se mantiene viva dispensando cheques en blanco a cambio de un rato más en el poder. La codicia no encuentra límites y se sostiene sobre un relato supuestamente ideológico que más bien está integrado por una arquitectura de falacias bien definidas

Imagen sumar y restar divas y divos

Sumar y restar divas y divos

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La política española es hoy más que nunca una carrera desenfrenada de egos sin control. Ganar es eliminar egos competidores, con alguna excepción, más en niveles regionales y municipales que en el foro capitalino. Al pueblo, como dicen que sentenció la peculiar Marie Antoinette, "que le den pasteles"

 

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Lo de Tamames

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Lo de Ramón Tamames pasará a los anales de la historia de la actual democracia como un momento culminante. De un lado, la reivindicación de su propio derecho a la vanidad de un anciano de discutida y discutible trayectoria, pero bien instruido, frente a la tropa creciente de chisgarabís vanidosos y empoderados. De otro, la desorientación existencial de un partido que ya va siendo el último cartucho que le va quedando a la llamada nueva política.

 

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Irene en la hoguera de las vanidades

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No seré yo el que critique a Irene Montero por haber sido cajera de supermercado. Muy al contrario, me parece una experiencia provechosa para cualquier otro menester que se presente en la vida que, sin embargo, en su caso no fue más que un fugaz paso por el mundo real de trabajo que transcurre, y cada vez más , ajeno a las hogueras del populismo y de la vanidad que arden en el Congreso de los Diputados.

Imagen Guerra relámpago

Guerra relámpago

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Comenzó la guerra en el momento en que no fue viable decir: “Ayuso, lo de arrasar no es mérito tuyo, es mérito de la gaviota”. Guerra relámpago, pierde Casado

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Garzoneando

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El garzoneo ha sido mayúsculo y al final  el debate ha quedado desdibujado con brochazos gordos que emborronan más que aclaran

Imagen El mundo de Cayetana

El mundo de Cayetana

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Cayetana Álvarez de Toledo no experimenta lo que le vale un peine en la vida real al ochenta por ciento de los españoles aunque sí que sepa lo que vale una noche de reyes en Verbier, pero tiene criterio propio y una serie de consideraciones fundamentales sobre una vida política tan degradada como la nuestra. Personalmente daría bastante por acceder a una democracia más plena de la que tenemos en la que en un sistema de listas abiertas uno no tuviera que elegir rebaños sino entendimientos, que el votante, en una ensoñación atemporal de la democracia que no tenemos, pudiera marcar con una crucecita,  y con independencia del partido al que pertenecieran, nombres como los de Clara Campoamor, o Julián Besteiro, o Julio Anguita, o Cayetana Álvarez de Toledo. 

Imagen El Yolandismo

El yolandismo

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Mientras Pablo Iglesias era un tipo listo con unas cuantas lecturas bien aprendidas y administradas en un puñado de tertulias de máxima audiencia, Yolanda Díaz es inteligente y tiene vida vivida en mil avatares. Lleva consigo la marca del PCE pero ha salido de la sacristía soviética de sus mayores y se ha dado una vuelta por el mundo que tenemos para tomar nota y desplegar su propio tenderete. Ha comprendido también, superando el intransigente sectarismo de los comunistas puros, que para preocuparse por la precariedad laboral creciente no hace falta ser un fanático de Marx ni del Manifiesto Comunista que ella prologa, como pensaban aquellos ascendientes suyos que liquidaban sin piedad a los anarquistas por reivindicar la autogestión y no el absoluto control estatal de la economía. Sabe, además, que el socialdemócrata clásico es un anticomunista feroz y eficaz y ella, que presume del sello PCE, templa gaitas y se coloca el mundo de pasarela luciendo como la campeona de la socialdemocracia