21:56h. Martes, 12 de noviembre de 2019

PP: El batacazo

ENS-28A

El centro al que apela ahora Pablo Casado es un traje de quita y pon que se puso Aznar para superar las viejas esencias fraguistas hasta que se emocionó en la foto de las Azores. Al final el centro es un comodín que en España solamente lo ha visto y vivido con plena autenticidad Adolfo Suárez, centrista auténtico y cabal, el genuino. Lo demás ha tenido siempre algo de ejercicio de bisutería. Al centro apela Alberto Núñez Feijóo que es más perro viejo que los jóvenes cachorros. Sabe como ha ganado las elecciones el PP, cuando lo ha hecho, y como las gana él en Galicia, con unas cuantas ideas, sin grandes estridencias, sin complicarse con debates perdidos desde el inicio

pp batacazo
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La maquinaria política española ya va con su proa puesta hacia el 26 de mayo, que algunos quieren interpretar como una imposible segunda vuelta de las generales, sobre todo los que han perdido en busca de revalida. Es el caso del PP, porque  sin duda el rotundo batacazo sufrido marca un antes y un después en la historia del todavía hegemónico partido del centro derecha. Pablo Casado está pendiendo de un hilo. La casa de la gaviota amenaza ruina y ahora todos son reproches. El efecto Vox no ha sido descomunal, pero lo suficientemente fuerte como para resquebrajar las estructuras de un partido desorientado, desnortado y con una total y absoluta crisis de identidad, sin coordenadas. Por el otro lado, han notado la pegada de Ciudadanos.

Alberto Núñez Feijóo marca pautas y agendas estos días, aunque hace menos de un año rechazó tomar las riendas.  La primera salida importante de Pablo Casado tras el gran batacazo fue a visitar Galicia, como para buscar un cierto respaldo que le proporcione algo de gasolina. Antes, dijo en el foro madrileño que se habían equivocado de estrategia, que ahora tocaba centrarse. Las prisas le agobian, necesita un cambio de rumbo en menos de un mes, pero resulta poco creíble de cara a los electores si hace unos cuantos días ofrecías al voxismo entrar en tu gobierno. Hay quien echa la culpa de tanto vaivén a un equipo de asesores mal escogidos, y lo cierto es que de todo hay en el círculo más cercano del líder popular, donde se mezcla  la semilla de personas de valía y buenas intenciones con no poca cizaña infértil. El centro al que apela ahora Pablo Casado es un traje de quita y pon que se puso Aznar para superar las viejas esencias fraguistas hasta que se emocionó en la foto de las Azores. Al final el centro es un comodín que en España solamente lo ha visto y vivido con plena autenticidad Adolfo Suárez, centrista auténtico y cabal, el genuino. Lo demás ha tenido siempre algo de ejercicio de bisutería. Al centro apela Alberto Núñez Feijóo que es más perro viejo que los jóvenes cachorros. Sabe como ha ganado las elecciones el PP, cuando lo ha hecho, y como las gana él en Galicia, con unas cuantas ideas, sin grandes estridencias, sin complicarse con debates perdidos desde el inicio, y haciendo gala de la capacidad de gestionar barcos a la deriva. Confía el gallego en que los españoles abandonarían los aventurerismos naranjas o verdes cuando llegue una nueva crisis económica y estén muy cansados de sanchismo,  interpretando que la función esencial del PP no es poner en cuestión los fundamentos culturales de la sociedad sino sacar las castañas del fuego. Un partido de gestión, más que ideológico.

Lo cierto es que con unos resultados como los obtenidos en Abril  resulta muy incómodo hacer una campaña electoral con la marca de la gaviota. Los candidatos locales y autonómicos intentan marcar perfil propio y centrarse, con o sin “centrismo”,  en los asuntos de mayor cercanía. Lo vemos en los principales municipios de nuestra región. Sin embargo, más que en Castilla La Mancha, donde casi nadie ve una victoria del PP en las regionales, Pablo Casado se la juega en comunidades como la de Madrid, autentico baluarte del PP, su Andalucía particular, que si pierden podría ser la quiebra del frágil hilo que une a Casado con la séptima planta de la calle Génova. Si falla Madrid, algunos dan por hecho que tendrá que retirarse y dejar que alguien venga a apagar un fuego de tan grandes dimensiones. Todas las miradas se dirigen, en ese punto, a nuestra esquina de arriba, lindante con Portugal. Sería volver a reivindicar el marianismo tras haberlo arrinconado en los  últimos meses como si fuera el causante de todos los males.

Veremos cómo reaccionan los españoles en el último domingo de mayo. Veremos si se lo toman como una especie de matización de los resultados de las generales. Es lo que querrían en el PP para intentar salvar in extremis un edificio que quedó muy desvencijado en la noche en la que Pedro Sánchez se salió con la suya una vez más y dejo de ser el Okupa de la Moncloa para convertirse definitivamente en un pertinaz dolor de cabeza para todos sus adversarios de la derecha. Pero no sería lo más adecuado interpretar las municipales, autonómicas y europeas en clave de segunda vuelta porque lo suyo es pensar en lo que nos jugamos en nuestros asuntos municipales, regionales o europeos, y en las candidaturas en cada caso.

@Nuevosurco

Texto publicado en grupo Promecal