10:18h. Jueves, 18 de julio de 2019

#28A

Papeletas humeantes: un análisis antes del 28A

ENS-28A  

>Solamente un resultado desastroso que vuelva a colocar al PSOE ante un nuevo suelo, dejaría a Pedro Sánchez fuera del juego político

>Ciudadanos tendrá que volver a escenificar grandes escrúpulos a pactar con VOX  si salen las cuentas del tripartito del centro-derecha

>Rivera tendrá un papelón si la suma PSOE+Cs da mayoría absoluta. Complicado quitarle el veto al PSOE sin perder toneladas de credibilidad. Se podría sacar de la chistera algún recurso del tipo de exigir un candidato socialista distinto a Pedro Sánchez. La única opción del PSOE para no repetir la historia pasada es pactar con los naranjas

>En cualquier caso, volveremos a estar a expensas de la aritmética parlamentaria que a veces, más que reflejar la auténtica voluntad de los ciudadanos, provoca sombras chinescas que poco tienen que ver con lo que se ha elegido. Bueno sería introducir en la agenda pública nuevas formas de elección de nuestro presidente, más directas y democráticas. 

 

 

LIDERES OK
LIDERES OK

Será el 28 de abril un domingo de papeletas humeantes y definitorias, aunque no del todo, de la convulsa e incierta marcha de España en este tiempo vertiginoso de la Segunda Transición. Será así porque a Pedro Sánchez no le ha quedado más remedio y se la jugará antes de la cita autonómica, municipal y europea de mayo. Los barones se lo agradecen sin grandes aspavientos porque si lo del superdomingo podía ser una catástrofe para ellos lo de abril puede tener un efecto variable en las urnas autonómicas dependiendo del resultado pero al menos el garbanzo negro ya no va en el mismo canasto y habrá un cierto dique de contención.

La jugada del sanchismo es arriesgada y el último domingo abrileño puede ser el de la consagración definitiva de Pedro Sánchez como un astuto resistente del que tendremos noticias en primera página durante unos cuantos años o un nuevo golpe que puede precipitar su declive y colocar el sello de la brevedad en su andadura política, aunque hasta en caso de derrota digna o de mayoría insuficiente para gobernar él se agarrará a la secretaría general de su partido en busca de mejor ocasión para llegar de nuevo a la Moncloa, y lo hará con el argumento de haber mejorado los resultados del PSOE y haber detenido su caída vertiginosa hacia la irrelevancia como parecen pronosticar todas las encuestas.

Solamente una debacle que sitúe al PSOE en otro suelo histórico colocaría a Sánchez fuera de juego. De manera que el sanchismo afronta el 28A con vocación de permanencia en la primera línea política española de una u otra forma y de momento ha comenzado por ir modelando un partido a su medida con labores purgativas inmediatas y sin contemplaciones como ya ha podido comprobar en sus propias carnes José María Barreda y Soraya Rodríguez. Las baronías críticas permanecerán en  píe en la medida en que consigan mantenerse en los gobiernos autonómicos en virtud de la voluntad popular y no tanto por el beneplácito de Pedro Sánchez. El 28A nos coloca, en cualquier caso, antes dos opciones:

Una derecha que presume de su “derechidad”, es decir, de su identidad, como casi nunca lo había hecho en la actual democracia y que  necesitaría del concurso de Ciudadanos para llegar a la Moncloa en un remake a nivel nacional del pacto andaluz.  Los naranjas pactarán con VOX con la nariz tapada y escenificando sus escrúpulos de cara a apaciguar el descontento de su parroquia más liberal y cosmopolita

Y una izquierda formada por un Podemos menguante y un PSOE reconvertido en sanchismo que sostiene o crea un PSOE liquido e imprevisible frente al PSOE  de las esencias tradicionales sostenido por las grandes baronías. De momento estos “dos partidos en uno” coexisten y solamente, como ya ha quedado apuntado, la fuerza de los votos en las autonómicas privará a Pedro Sánchez de hacer una purga completa.  El sanchismo también necesitaría de Ciudadanos para no convertirse en un juguete en manos del independentismo en una reedición de la  historia frentepopulista que ha concluido con la convocatoria de elecciones. Complicado en grado sumo desde el momento en el que Rivera ha distinguido entre PSOE y sanchismo y ha manifestado solemnemente que con el segundo no hay nada que hablar, posición ratificada además por el máximo órgano de dirección de su partido este lunes que ha hecho extensible el veto a todo el PSOE tratándose de elecciones generales. El líder naranja tendría que desmontar ese relato no sin grave merma de su propia credibilidad. Podría recurrir si se diera el caso a exigir una investidura con un candidato socialista distinto a Pedro Sánchez.

Las cartas están sobre la mesa y la convocatoria de elecciones, tras unos presupuestos tumbados en el Congreso, serán una bocanada de aire fresco. Lo de los presupuestos ha sido el final de un trayecto que comenzó con una moción de censura en el que las churras se mezclaron con las merinas en virtud de la aritmética parlamentaria. Después de las urnas de abril la situación seguirá siendo compleja y otra vez el gobierno de la nación dependerá de la aritmética parlamentaria que puede volver ser rocambolesca y caprichosa, pero es nuestro sistema parlamentario y el tiempo de las mayorías absolutas pasó definitivamente a la historia. Puede llegar un momento en el que los españoles, cansados de tanta inestabilidad, reclamen una reforma del sistema para elegir al presidente introduciendo una especie de doble vuelta entre las dos candidaturas más votadas, pero ese tipo de propuestas ni están en la agenda ni se las espera.

 @Nuevosurco

Texto publicado en Promecal