10:32h. Jueves, 18 de julio de 2019

Más allá de Vox

ENS-Política

Podemos no supo superar su limitación congénita desde la izquierda y Vox podría hacer lo mismo desde la derecha: renunciar a la transversalidad

 

 

VOX
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Hace algo más de tres años  publiqué el ensayo #MasAllaDePodemos. En plena marejada morada quería poner negro sobre blanco lo que a mi entender había en el fondo de tanto bullicio. En resumen, se trataba de resaltar los límites de un movimiento político que había aprovechado la indignación transversal del 15M para introducirse en las instituciones  a base de populismo, y entiendo por tal la apelación al pueblo en un momento de crisis y cambio, poniéndolo en un punto de ebullición intenso, para finalmente servirle un plato de mortadela con algún que otro ornamento de fácil digestión. Nada de un buen ibérico de bellota bien dispuesto para paladares populares, nada  de crear una conciencia clara, amplia y limpia sobre lo que nos está ocurriendo. Barrer para casa, crear conflicto, tensionar, y finalmente instalarse en un gran casoplón sin grandes posibilidades ya de llegar a ser nada más que la muleta del partido referencial de la izquierda española. Por aquellos mismos días comenté en una entrevista que no veía otra opción para Podemos que ser el sostén del PSOE y más de uno me contestó que me equivocaba, que llegarían al gobierno de España en un muy corto periodo de tiempo. Estábamos en 2015.

Y el caso es que está resultando así, como sinceramente pronosticaba. Podemos, sobre todo desde que es cosa casi única y exclusivamente de Pablo Iglesias, una vez que ha sido aparatado Iñigo Errejón, se ha empeñado en ser lo que originariamente era: un invento en clave populista del comunismo posterior a la caída del Muro de Berlín. No se ha atrevido a rebasar sus límites marcando un más allá de su propio embrión que les llevara a la transversalidad desde su punto de partida en la izquierda. Algún balbuceo ha existido, alguna nota en esa dirección, pero al final Podemos es lo que es y juega a lo que juega. Para que Podemos hubiera sido un movimiento transversal tendría que haber abrazado un concepto amplio de patriotismo español capaz de atraer a los excluidos y a aquellos a los que la crisis ha dejado en la cuneta. Sin contemplaciones con el independentismo reaccionario e insolidario. Sin embargo, ha caminado en dirección contraria estableciendo una alianza estratégica con los independentistas con el objetivo de desestabilizar, y después derribar, el régimen democrático que nació hace ahora cuarenta años.

Ese es el recorrido que ha cubierto Podemos en estos años, y los resultados están a la vista por más que quieran entretener al personal con los huesos de Franco, restándose así, por cierto, otro buen puñado de votantes que igual lo del antifranquismo no les llega ni lo sienten pero sí desearían algo más de luz sobre sus penurias actuales. Y es en esta hora, ya cubierta por el desencanto de segunda oleada, cuando irrumpe en la escena VOX,  por el lado derecho, y parece que su primera acción de influencia real en la política española será favorecer un gobierno de centro-derecha en Andalucía, asumiendo ya desde el principio, y sin pensárselo tanto como Podemos, que su función esencial es formar parte del conglomerado del centro-derecha frente a ese otro que estaría constituido por el PSOE de Pedro Sánchez  (recalco el nombre propio), Podemos y los grupos independentistas o nacionalistas de Cataluña y el País Vasco. VOX renuncia también de forma casi expresa a la transversalidad a pesar del porcentaje de voto con origen de izquierdas que hay entre sus nuevos votantes (hasta un 25 por ciento, según algunas estimaciones). Si a Podemos le faltó patriotismo para ser un movimiento transversal en lugar de un reducto de la izquierda radical, a VOX le falta sentido social, un programa ambicioso y profundo en lo social capaz de llegar a las mayorías que nutren la cada vez más poblada precariedad, porque, no nos engañemos, el gran tema del futuro, lo quieran o no nuestros políticos, no va a ser el tamaño de la bandera sino el precio de la luz, los jóvenes en paro y sin horizontes, los mileuristas cincuentones  y las vidas truncadas durante estos últimos años devastadores. Esto es lo que tenemos, lo real, mientras que Pablo Iglesias  decreta alertas antifascistas tras el triunfo de VOX en Andalucía y se dispone a jugar a los soldaditos plantando cara, dice ,a Santiago Abascal, como si él no picoteara gustosamente en las enseñanzas  de aquel Benito Mussolini. Bien lo sabe él, que es persona leía e instruida. Recuerdo aquel día que me dijo “es que en tu libro vienes a decir que soy un fascista”. Algo por estilo. Tiempos populistas.

 @NuevoSurco

Texto publicado en Grupo Promecal