11:34h. Miércoles, 11 de diciembre de 2019

La confusión naranja

ENS-Política

>Ciudadanos se lanzó a la arena política desde Cataluña, donde ha cumplido una encomiable labor de respuesta a las tendencias claramente totalitarias del independentismo, para presentarse a la sociedad española como un movimiento político de vocación transversal y regeneracionista, con una ubicación inicial en el centro progresista y la socialdemocracia. Después cambiarían el anclaje en favor de un genérico “liberalismo”, coincidiendo con el recrudecimiento de la batalla con el PP por el control de todo el espacio a la derecha del PSOE. Todo por una cuestión personal: la obsesión de Albert Rivera por comerse la merienda de Pablo Casado y convertirse en el líder de referencia del centro-derecha español.

Imagen Albert Rivera-Ciudadanos
Imagen Albert Rivera-Ciudadanos

El partido Ciudadanos se ha convertido en el gran protagonista de estos días postelectorales al tener la llave de muchos gobiernos, en municipios y comunidades, y hasta la posibilidad de dar una tonalidad diferente a la esperada al gobierno de España si se reeditara un pacto Sánchez-Rivera, como aquel que pretendió frenar al PP, pero que hoy por hoy  la mayoría de los analistas dan como imposible, aunque es deseado por una parte de la sociedad española, por un sector, -no desdeñable-, del PSOE, y por los núcleos duros de los mundos empresariales de más relevancia. En el entretanto, cuyo final es previsible, Ciudadanos teatraliza en el papel de gran deshojador de la margarita y no sale de la ambigüedad ni siquiera después del comité de dirección que los naranjas han celebrado este lunes del que lo más que se pudo decir fue que el PP sigue siendo el “socio preferente” y que se descartan acuerdos con Podemos, independentistas y VOX pero también con el PSOE que no se desmarque de la línea sanchista. No hay mucho cambio. Lo más relevante: se proclama solemnemente que no habrá acuerdos si está VOX por el medio,  pero ¿permitirán que Vox sostenga esos gobiernos desde fuera como en Andalucía y sin salir en la foto?. ¿Consentirá Vox ese papel una y otra vez en todos los  lugares donde pueda tener efecto el veto de Ciudadanos y los verdes ser determinantes?

En realidad los de Rivera aclaran poco  y no quieren perder posibilidades. En juego están instituciones como el ayuntamiento y la comunidad de Madrid, pero son muchos los lugares de España en los que el partido de Rivera inclinará la balanza en una u otra dirección. En Castilla-La Mancha, ayuntamientos como los de Ciudad Real y Guadalajara. Pero conviene no perder de vista el problema de fondo que tiene que ver con el desdibujamiento de los objetivos iniciales de la formación naranja en aras de conseguir el predominio en el espacio del centro-derecha.

Ciudadanos se lanzó a la arena política desde Cataluña, donde ha cumplido una encomiable labor de respuesta a las tendencias claramente totalitarias del independentismo, para presentarse a la sociedad española como un movimiento político de vocación transversal y regeneracionista, con una ubicación inicial en el centro progresista y la socialdemocracia. Después cambiarían el anclaje en favor de un genérico “liberalismo”, coincidiendo con el recrudecimiento de la batalla con el PP por el control de todo el espacio a la derecha del PSOE.

Sin embargo, la vocación inicial de Ciudadanos, que ahora se encargan de recordar de alguna manera los integrantes de lo que ya se viene llamando el “ala socialdemocrata” de la formación naranja (Garicano y compañía), era ser un puntal de la España constitucional con el discurso en el que se sitúa desde el inicio de la democracia la gran mayoría de los españoles, a los que las encuestas de posicionamiento político sitúan siempre mayoritariamente en el espacio del centro con un cierto escoramiento hacia la izquierda. Ese es en principio el discurso ganador en España y allí estuvo originalmente Ciudadanos. Hasta que llegaron las dudas y los vaivenes de un partido-veleta, como les han tildado sus adversarios políticos. Todo por una cuestión personal: la obsesión de Albert Rivera por comerse la merienda de Pablo Casado y convertirse en el líder de referencia del centro-derecha español.

De manera que un partido que saltó al ruedo político nacional como una alternativa al estilo del UPyD de Rosa Díez, cuyos restos engulló por cierto la formación naranja, y una oferta atractiva para los votantes socialistas de mayor sentimiento españolista, se convirtió bruscamente en el señuelo para los votantes y los cuadros del PP desengañados o sin ubicación en la era Casado,  y también para unos miles de votantes de Vox , eso sí, sin grandes sentimientos de fidelidad hacia el invento de Santiago Abascal. La pérdida del norte y de la ruta trazada originalmente ha sido total. Los resultados no pasan de discretos si se analiza con detenimiento lo ocurrido el 26M.

El problema ahora es de gran envergadura porque es muy complicado volver al lugar original una vez perdida la inocencia. No resultaría creíble y además es improbable mientras Albert Rivera tenga la solidez suficiente para mantenerse como líder, y jugar su particular partido hasta el final, aunque sea, como todo parece indicar, con girones y bandazos. Él ya ha decidido que jugará en el lado derecho del campo, y quien es su rival.

@NuevoSurco

Texto publicado en grupo Promecal