21:30h. Martes, 12 de noviembre de 2019

La izquierda española en su gran encrucijada

ENS-Editorial

El asunto del relator lo ha vuelto a poner de manifiesto: Se  hace cada vez más necesario que en España se visualice de forma clara un bloque de izquierdas beligerante con el independentismo 

toro osborme grafiti
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Se demuestra una y otra vez: tenemos en España a una parte de la izquierda enredada en las cuitas del nacionalpopulismo  independentista, es decir, en la tela de araña del entramado político más reaccionario de cuantos se han visto en la historia reciente de España. Porque reaccionario es quebrar, violentar  y socavar los cimientos de la unidad y la solidaridad entre las personas. No deja de causar sonrojo como Pedro Sánchez ceda un día sí y otro también a alguna pretensión del independentismo, ahora con el espinoso asunto de las disposiciones  judiciales referentes al juicio de los principales responsables de lo ocurrido en Cataluña el 1 de octubre de 2017, pero también con la retirada de la Guardia Civil de Navarra.  La caspa independentista se extiende por todo el cuerpo nacional y todo aquello que tendría que ser apartado de la vida pública, por sus gérmenes excluyentes y totalitarios, adquiere un protagonismo inusual y capacidad de decisión evidente en medio de un panorama desolador en el que nos jugamos poner en cuestión en un abrir y cerrar de ojos todo lo conseguido durante las últimas décadas. Es en esta tesitura donde se hace imprescindible para la toda la ciudadanía española visibilizar con nitidez un bloque de izquierdas no nacionalista, mejor aún, visiblemente beligerante con el nacionalismo que en Cataluña está adquiriendo sus perfiles más grotescos, pero también sigue muy presente en el País Vasco y sus ramificaciones en Navarra.

La izquierda hace aguas en el momento en el que sustituye los planteamientos profundos en las cuestiones sociales por las demagogias destinadas a contentar al electorado más complaciente a golpe de anuncios vistosos de corto recorrido, pero también naufraga totalmente cuando sus aliados principales son políticos  reaccionarios cuyo principal objetivo es dinamitar el Estado que no solamente garantiza un proyecto histórico de siglos sino los derechos sociales básicos que se disfrutan en el aquí y el ahora. La gran anomalía de España y una de sus más desgraciadas particularidades sigue siendo esa fría indiferencia con la que una parte de la izquierda se posiciona ante la nación. Indiferencia que cuando deriva en lo grotesco resulta ser ofensiva.

Hoy el PSOE histórico  que tan buenos servicios prestó al país durante los mandatos der Felipe González permanece agazapado ante lo inevitable del predrisco sanchista. Solamente se deja ver ese espíritu en algunos gestos, algún mensaje o alguna pega a la acción del gobierno de parte de los presidentes autonómicos más próximos al alma españolista del socialismo de nuestro país, pero mientras tanto Pedro Sánchez sigue haciendo y deshaciendo, sobre todo esto último, para configurar un entramado de poder que le permita sobrevivir hasta las próximas elecciones y también después de ellas. Todo pasa por rebajar la presión del Estado sobre los responsables de intentar violentar nuestra convivencia democrática, como paso previo a un indulto, para ver si así se consigue algún tipo de acuerdo mediante vericuetos como la relación bilateral entre Cataluña y el resto de España. Así lo único que se conseguirá es que los independentistas ganen tiempo porque hasta los más posibilistas, ahora en ERC, dicen sin disimulo que en este momento toca un repliegue táctico para que la independencia sea posible en pocos años.  Es decir, con más cesiones, envueltas en talante dialogante, Pedro Sánchez continuará proporcionando herramientas al independentismo para que su republica catalana sea posible como mucho a medio plazo. Este es el panorama que la parte de la izquierda que no traga con la farsa y la componenda tiene que denunciar. La sociedad catalana será la primera en sufrir las consecuencias en forma de una fractura social, que puede terminar por ser violenta, que rompe familias  y  excluye a los discrepantes. Nada que ver con los más genuinos ideales de una humanidad unida y solidaria. Porque ciertamente la humanidad comienza en nuestra propia casa, en nuestro país y en nuestra patria.