20:48h. Martes, 12 de noviembre de 2019

Tras el 28-A: De nuevo la aritmética

ENS-28A

>El problema sería que la aritmética no varíe y la combinación siga siendo la misma. Si los enemigos del Estado que sustenta la solidaridad entre todos los españoles siguen condicionando la política nacional en favor, no de todos, sino de sus intereses particulares, podemos vivir un periodo de convulsión total. Si, por el contrario, somos capaces de construir un carril central, liderado por el PSOE que ha ganado las elecciones, con la concurrencia de todos los partidos sin ánimo separatista, España puede bordear un éxito rotundo que catapulte hasta la cima lo conseguido desde que rige la constitución del 78.

>Hay un problema territorial de primer orden, y no hay más que ver los resultados electorales en Cataluña y País Vasco. Un problema complejo y endemoniado que no se resuelve con una política continua de apaciguamiento y cesión a los separatistas enemigos del Estado pero tampoco con banderas kilométricas furiosas y henchidas de un nacionalismo español lineal

victoria de sanchez
victoria de sanchez

Las urnas que llenamos los españoles el pasado domingo serán históricas si nos deparan un periodo tiempo con la suficiente estabilidad como para que podamos sacar alguna conclusión de la vorágine en la que llevamos inmersos desde que Juan Carlos I abdicó, va para cinco años,  y de alguna forma se marcó solemnemente el punto de arranque de la llamada Segunda Transición, que algunos quieren que sea la demolición total de la primera y otros un tránsito suave hacía un lugar algo más despejado de los nubarrones negros que vienen amenazando tormenta gorda. Ya se puede decir que Pedro Sánchez va a tener mucho que ver en que el destino final sea uno u  otro. Por otra parte, ya no tiene más recorrido el relato del okupa en la Moncloa que sería flor de un día con el que sus adversarios le han atacado durante esa primera presidencia que nació de una moción de censura de tan compleja aritmética parlamentaria. Ahora el problema será que la aritmética no varíe y la combinación siga siendo la misma. Si los enemigos del Estado que sustenta la solidaridad entre todos los españoles siguen condicionando la política nacional en favor, no de todos, sino de sus intereses particulares, podemos vivir un periodo de convulsión total. Si, por el contrario, somos capaces de construir un carril central, liderado por el PSOE que ha ganado las elecciones, con la concurrencia de todos los partidos sin ánimo separatista, España puede bordear un éxito rotundo que catapulte hasta la cima lo conseguido desde que rige la constitución del 78.

Porque es cierto que hay un problema territorial de primer orden, y no hay más que ver los resultados electorales en Cataluña y País Vasco. Un problema complejo y endemoniado que no se resuelve con una política continua de apaciguamiento y cesión a los separatistas enemigos del Estado pero tampoco con banderas kilométricas furiosas y henchidas de un nacionalismo español lineal, como si España, o mejor dicho, la versión más grande y universal de nuestro país, no lo hubiera sido desde el reconocimiento de su variedad y ese concepto inequívoco de “las Españas” que siempre designaba un lugar preciso hasta en los lugares más remotos del planeta pero también dentro de la piel de toro. Por tanto, quitarles todas las razones  a los independentistas vascos y catalanes es integrar la identidad vasca y catalana en el proyecto actual de España, pero también la gallega o la asturiana, porque corremos el riesgo de que con la banderas cada vez más kilométricas de España acabe por identificarse solamente la España de raíz castellana, con lo que el camino andado sería una auténtica involución.

En la fiesta del pasado domingo en la Calle Ferraz se gritaba ¡Viva España y viva el socialismo!, y también se gritaba ¡Con Rivera no!. Es asombroso la rapidez con la que el líder naranja se ha granjeado la antipatía manifiesta de una parte del electorado socialista. Pero es que, casi al mismo tiempo, Albert Rivera salía a  la palestra en modo victorioso y su primera frase era “Sánchez va a pactar con los separatistas y aquí estaremos nosotros para impedirlo”. Es  decir, todo visto para sentencia antes si quiera de comenzar el partido. Lamentable.  El otro líder del centro-derecha, Pablo Casado, reconoció la derrota sin paliativos y deseó que el PSOE no pactara con independentistas. Mucho más responsable y elegante, aunque también es cierto que lo que le conviene ahora al líder del PP es que Cs pacté con el PSOE y no se entregue a tiempo completo a la demolición total del edificio de la gaviota presentándose como la mejor alternativa para ocupar en solitario el espacio del centro-derecha. Pero Rivera no está por la labor y ha puesto la proa de su barco en dirección al hoy desvencijado trasatlántico del  PP para lanzarle un torpedo definitivo a su línea de flotación. Veremos hasta qué punto los populares son capaces de resurgir como lo ha hecho el PSOE en las últimas elecciones, pero parece claro que en el espacio del centro-derecha no hay espacio para tres partidos y Rivera quiere que el trozo más grande de la tarta sea para él.

Sin embargo, el asunto es lo que quieren los españoles, y la inmensa mayoría, incluidos también los que gritan “Con Rivera No”,  no desean que los independentistas sigan mandando en  el timón del barco al tiempo que echan arena en los engranajes de la sala de máquinas no sin antes asegurarse la propiedad de un lustroso bote salvavidas. Sánchez lo sigue teniendo muy complicado, pero es más importante escuchar a los españoles que hacerse un fanático de la aritmética.

@NuevoSurco

Texto publicado en grupo Promecal