22:46h. Lunes, 06 de abril de 2020

Anatomía de la tormenta  perfecta: Confinamiento y desenlace

ENS-Política

>La tormenta está siendo tan dramática y perfecta que con la crisis del coronavirus se resolverán muchas de las incógnitas que vienen planeando en España desde que una mañana de Junio de 2014 Juan Carlos I abdicara

>Del confinamiento, la España constitucional saldrá reforzada o se derrumbará estrepitosamente

Imagen Tormenta Perfecta EFE
Imagen Tormenta Perfecta EFE

Hace solamente una semana estábamos transitando desde las apreciaciones optimista del tipo “es como una nueva gripe de la que se tienen que cuidar los más mayores  y las personas con ciertas patologías” al “parece algo que puede ser muy serio y podría tener graves consecuencias”. Siete días después estamos instalados de pleno en el segundo escenario sin ningún resquicio ya para la duda, y confinados en nuestras casas mientras Pedro Sánchez anuncia una movilización de recursos equivalente al veinte por ciento del PIB para ganar el combate. Estamos viviendo una aventura histórica que contaremos a nuestros nietos como nuestros abuelos nos contaron a nosotros la guerra civil.  Tiempos de vértigo y vertiginosos que, sin embargo, nos traerán a buen seguro un desenlace para una situación que en lo político lleva enquistada demasiado tiempo.

Pero lo más importante ahora es la salud: frenar la curva, que los fallecidos sean los menos posibles. Prioridad absoluta: la vida ante todo y sobre todo. El segundo frente será el económico, que finalmente terminará afectando de lleno a fibras tan humanas como el derecho al trabajo. Lo principal: centrar el problema en la responsabilidad social de las grandes empresas más que en su rentabilidad. Proteger al autónomo y a la PYME para garantizar el trabajo y su remuneración, de lo que depende la vivienda y sus hipotecas, la educación de los hijos y el pago de los recibos. El coronavirus  afectará absolutamente a todo y el Estado, con las comunidades autónomas que lo conforman, tiene que colocarse del lado de los más vulnerables. Pero, ¿en qué  condiciones políticas?.

La tormenta está siendo tan dramática y perfecta que con la crisis del coronavirus se resolverán muchas de las incógnitas que vienen planeando en España desde que una mañana de Junio de 2014 Juan Carlos I abdicara. La política española entraba entonces en una suerte de cuarentena a la espera de una nueva pantalla que todavía no ha terminado de ser definida, seis años después. Y volvemos ahora a poner el foco en la figura del Rey emérito, como cerrando el círculo. De Felipe VI, y de cómo le respondan los españoles, dependerá que su reinado sea un paréntesis bienintencionado previo a un cambio de régimen que liquide la España nacida en 1978 sustentada en la monarquía parlamentaria, o el reinicio de esa misma España sobre la base de lo conseguido (el más largo periodo de prosperidad con libertad de nuestra historia) y la depuración de errores sin contemplaciones. El Rey ha actuado desvinculándose de los asuntos turbios de su progenitor, aunque ya hay críticas al modo y a los tiempos elegidos para hacerlo. Más tarde vendrá el problema de separar lo más turbio en las andanzas de Juan Carlos I de lo mejor de su legado político, que de forma generalizada se sigue ligando a aquellos primaverales años de la Transición, mano a mano con Adolfo Suárez, cuya figura se agiganta en estos días en el que los españoles requieren hombres de Estado en el gobierno de la nación.

Porque la otra pata de la crisis política que se avecina la sostiene Pedro Sánchez. También de lo que él haga dependerá el futuro político de España, además del suyo propio. Se terminaron las frivolidades todo el rato y en todos los escenarios. No hay lugar para más postureo ni cálculos oportunistas. Del confinamiento, la España constitucional saldrá reforzada o se derrumbará estrepitosamente. El primer Pedro Sánchez que salió hace apenas una semana a anunciar las primeras medidas económicas contra la pandemia, leyendo un papel como un empleado de una oficina bancaria de sabores añejos, no tiene mucho que ver con el que, días después, se está dirigiendo a los españoles con más firmeza, auque lo haga sin aclarar asuntos como la tardanza en la reacción, el contagio de su pareja y tras soportar la indecencia de que las comunidades autónomas infectadas por el virus nacionalista quisieran volver a levantar sus puertas y echar sus cerrojos, esta vez a costa de una pandemia global. A partir de ahora Pedro Sánchez se la juega, y con él el entramado político que sustenta a España. Y en ese entramado, la oposición y su principal partido tienen un papel protagonista. La rueda de prensa de Pablo Casado,- mamporro en mano-, tras la comparecencia del presidente fue un absoluto despropósito, porque en esta España asolada por el coronavirus sobra el virus nacionalista y la demagogia barata de un Pablo Iglesias siempre poco fiable, pero aún son más necesarios hombres y mujeres a la altura, en el gobierno de España y en la oposición política.

@NuevoSurco

Texto publicado en Grupo Promecal

Imagen Agencia EFE