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10:05h. sábado, 28 de noviembre de 2020

El bar es la patria

ENS-Actualidad

Los bares corren peligro de extinción. Muchos han cerrado ya, alrededor de ochenta y cinco mil pueden correr esa suerte a lo largo del año, más de doscientos mil empleos que dependían de nuestra caña o nuestra celebración ya se han destruido o están pendientes de la resolución final de un  ERTE. El bar es el perímetro más real de la patria, y el estado en el que se encuentran hoy marca de forma cabal el pulso del país.

Imagen el bar es la patria
Imagen el bar es la patria

Poner un bar, que a miles de  españoles les salvó de la quiebra total en la crisis pasada, la del inicio de la década, se ha convertido ahora en un quebradero de cabeza para el que lo tiene. Clientes escasos y temerosos, medidas profilácticas necesariamente limitantes... Los bares están heridos de muerte y ante el mayor desafío que han enfrentado en su historia.

Cuando todo esto pase, -si alguna vez ocurre-, y volvamos a salir con normalidad a nuestras calles nos daremos cuenta de los estragos causados por el virus. Nuestro país, que es el lugar de la alegría europea, será un poco más triste y habrá perdido unos cuantos kilos de identidad de la buena, no de la que sirve para excluir y fruncir el ceño contra “los otros”, sino la que nos identifica como pueblo  peculiar, esencialmente vitalista y callejero. Nos costará recuperar nuestro tono y los bares de barrio y de plaza de pueblo, los más personales y auténticos, habrán perdido mucho de su terreno. En su lugar habrá alguna franquicia, otra más, un establecimiento que será exactamente igual al que podamos ver en París, Nueva York o Pekín, pero el bar, ese pequeño lugar donde se vocifera o se escribe un poema en una servilleta de papel, ese pequeño parlamento cotidiano en  el que se perimetran los problemas de la patria habrá desaparecido. Otros, y ojalá que sean muchos, resistirán, se adaptarán, mejorando aspectos y atenciones al público, pero lo harán con la sensación creciente de que hubo un antes y un después en aquel maldito 2020 que puso nuestra casa patas arriba en un abrir y cerrar de ojos, en un visto y no visto que de repente cambio hábitos, redujo alegrías, y nos puso a la defensiva.

Los chicos que han salido a la calle montando barricadas reclamando el derecho, tan español, de ir al bar quizá sobrevivan pensando que el mundo de sus padres fue mejor que el suyo porque cada fin de semana tenían en su bolsillo un puñado de euros para cañas o para celebrar la vida en un buen restaurante sin demasiadas precauciones, a pulmón lleno y mandíbula batiente. Celebrar y  seguir adelante.  Pero quizá sea esta  juventud incipiente la  que al final sepa dibujar un tono diferente en el horizonte tan pesimista que se vislumbra hoy, ese  que hoy contemplamos agarrados a los fondos europeos a falta de una buena barra de bar en la que aposentar el lomo. En España el bar es la patria

@NuevoSurco

Texto publicado en los periódicos del Grupo Promecal