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11:43h. sábado, 31 de octubre de 2020

Una España llena

ENS-Actualidad

La llamada España vaciada es un inmenso paraje lleno de inquietudes, de emprendimientos y ganas de buscarle a la vida enfoques novedosos

 

Imagen una España llena
Imagen una España llena

El gobierno de Castilla-La Mancha ha firmado estos días el Pacto contra la Despoblación junto con empresarios y sindicatos, la Federación de Municipios y Provincias, y la Red Castellano-Manchega de Desarrollo Rural. Un paso más, un enmarcado, para colocar pie a tierra en la problemática de la España vaciada, que tiene en nuestra región, además, uno de sus epicentros fundamentales. Brihuega fue el lugar elegido, lugar de encuentro en una de las comarcas que llevan ya años reinventándose, convirtiendo a sus espectaculares campos de  lavanda en un maravilloso reclamo para el turismo, la cultura y la gastronomía. Pero la lavanda como símbolo paradigmático de lo que puede ser, y debe ser, nuestra Castilla-La Mancha vaciada hay que cultivarla, cuidarla y financiarla convenientemente.

La financiación fue, a la postre, el tema estrella en la solemne firma del pacto. Es la mejor forma de poner negro sobre blanco lo que corre el riesgo de quedarse en extraordinaria declaración de buenas intenciones. Porque si resulta complicado combatir un fenómeno como el de la despoblación creciente de nuestros pueblos, mucho más lo es hacerlo sin las debidas transferencias económicas del Estado a las comunidades autónomas. Emiliano García-Page dijo en el  acto que el reto demográfico va parejo a una reformulación y puesta al día de la financiación autonómica. Es algo que seguimos esperando todos los españoles, y las comunidades autónomas, mientras buena parte de las energías se canalizan en sacar adelante unos presupuestos estatales  en mesas bilaterales en las que no participan todas las regiones, y que terminan desembocando invariablemente en temáticas particulares, identitarias y rupturistas.

Sin embargo, la sociedad española que ha decidido implicarse en la revitalización de la España vacía, ajena a esos intríngulis, se ha convertido en uno de los principales focos de atención y está obligando a los políticos a tomar cartas en el asunto. Es esta sociedad, entregada a las zonas despobladas, la columna vertebral de una España llena de inquietudes, de optimismo, de ganas de emprender y buscar novedosos enfoques vitales.

Y sí, Castilla-La Mancha es uno de sus epicentros. Bien mirado hemos tenidos esa suerte. Porque la despoblación es la consecuencia última de una gran crisis que ha dejado en estado agónico a una gran parte de nuestros pueblos, pero también es la clara llamada de una oportunidad para comenzar de nuevo, reiniciar el camino y reformular el espacio rural. Conviene no equivocarse en el enfoque y huir en la medida de lo posible de los retratos en sepia o las imágenes estereotipadas excesivamente costumbristas. El nervio que está dando vida a la España vaciada con frecuencia está formado por personas de alta cualificación profesional que quieren dejar atrás vidas urbanas y buscarle a la existencia nuevos alicientes. Ellos, junto con los autóctonos, necesitan, por supuesto, todo el apoyo.

La crisis del sector agrario es un aliciente más, como la gota que ha colmado el vaso,  para esta España que pide a gritos tener un lugar digno en el mundo de la globalización y el cosmopolitismo total. Por mucho que nuestros pueblos vacíos se enfoquen al turismo, la gastronomía o sirvan de lugares idílicos donde vivir mientras se sigue trabajando “para la ciudad” mediante el teletrabajo y las nuevas tecnologías, lo cierto es que sin agricultura el riego sanguíneo que revitalice nuestros pueblos será siempre insuficiente, y es imposible la supervivencia de la agricultura, y la incorporación de los jóvenes a ella, sin precios y comercio justos. De manera que la gran movilización agraria que se extiende por todo el país, y que no remitirá fácilmente, será, junto con el movimiento feminista, también superimplicado en dar vida a nuestros pueblos, los grandes pilares sobre los que se sustentará el renacimiento de lo rural. Feminismo y asociacionismo agrario de la mano en el mismo objetivo, obligados a entenderse dado el papel creciente y fundamental de la mujer en el ámbito rural.

En Brihuega ha sido la firma del Pacto contra la Despoblación en Castilla-La Macha. Allí, en aquel paraje bautizado como “la Provenza manchega” por el marketing asociado ya a los proyectos revitalizadores, estalla la flor de la lavanda, con sus colores y sus olores redescubiertos, entre la primavera y el verano, como un presagio de los que ocurrirá durante las próximas décadas en la España vaciada, en la que Castilla-La Mancha tiene un protagonismo central

@NuevoSurco

Texto publicado en grupo Promecal