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13:58h. martes, 30 de noviembre de 2021

#QuintaOla

ENS-Actualidad

La quinta ola es el virus que ha venido para quedarse, una ola que tendremos que surfear de momento con triple dosis de vacuna y mejor con la mascarilla a mano

Imagen Quinta Ola
Imagen Quinta Ola

Estamos ante una ola paradójica que viene macada por su carácter juvenil, casi adolescente. Y todo son prisas ahora porque la chavalería se vacune cuanto antes.  El virus se propaga como la pólvora en los más genuinos saraos juveniles, los botellones proliferan inevitablemente en la playa y en la meseta, y Covid19 encuentra allí los mejores lugares donde anidar cómodamente porque la población adulta, ya vacunada, le pone al bicho una barrera mucho más difícil de superar. No se le pueden poner puertas al campo y querer retener en casa el ímpetu de la juventud recién estrenada. Lo que hay que hacer, sin duda, es inyectarlos cuanto antes la vacuna y educarles en los valores del respeto y la solidaridad. Ellos ya tienen en su historial para recordarlo dos veranos bajo el síndrome de la pandemia. Siempre estarán en su memoria como un extraño encuentro con sus hormonas disparadas, una experiencia en la que fliparon en colores con una vida con todo en plan prohibición a la que le pusieron la mascarilla más molona. Así es en la mayoría de los casos, aunque las lamentables excepciones salgan más en los telediarios. Al final todos iremos asumiendo que en el peor de los casos la quinta ola es el virus que ha venido para quedarse, una ola que de momento tendremos que surfear con triple dosis de vacuna y mejor con la mascarilla a mano

Lo malo es lo del turismo, otra vez bajo mínimos y alimentándose casi exclusivamente de lo autóctono.  Buena parte del mundo ha declarado a España como zona de riesgo. Cuando todo pase, veremos un sector turístico en reconstrucción tras pasar por un   desastre sin precedentes. Sobrevivirá aunque con ajustes y remodelaciones que marcarán un antes y un después. Los españoles estamos siendo este verano los que le estamos dando combustible a nuestra gallina de los huevos de oro, y así vemos las playas de Torrevieja con colas desde las cinco de la mañana para asaltar la arena y coger el mejor sitio, un remake asombroso de la versión más cañí de nuestro turisteo estival en la que solamente falta el recordado Alfredo Landa paseándose por allí en busca de una sueca de ensueño que esta vez, sin embargo, sería complicado encontrar.

Así va transcurriendo el segundo verano del Covid19, entre las sombras de la pandemia, como el anterior, y con la confianza de que, esta vez sí, el que viene sea una explosión de gozo y bullicio sin freno.  La inmunidad de rebaño nos la imaginamos en otoño, y entonces habrá que ver si con eso, y la vacunación, es suficiente para ir recuperando aquella normalidad añorada. Porque lo que todos hemos sacado en claro a estas alturas es que una cierta dosis de desconfianza es la recomendación más eficaz ante un virus que se retuerce y se reinventa como si quisiera librar con nosotros una batalla brutal y definitiva

@NuevoSurco

Texto publicado en los diarios del grupo Promecal