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20:49h. lunes, 25 de mayo de 2020

Metidos en una botella (y IV)

ENS-Actualidad

En medio de la tormenta perfecta, España sigue siendo el principal valor al que nos podemos acoger. Es hora de cuidarlo

Imagen metidos en una botella (y IV)
Imagen metidos en una botella (y IV)

Se percibe ya en el ambiente una cierta relajación, las cifras, aún siendo horribles, dan para pensar que lo peor de la crisis sanitaria ha pasado: el famoso pico, la famosa curva que hay que aplanar. Los niños están que se suben por las paredes, aguantan ya poco en plan flores de invernadero, aunque los padres nos transmiten que están siendo soldadit@s ejemplares. Ya contarán la batallita a sus nietos de esta guerra que vivieron desplegando todo su ingenio sobre la moqueta del salón, con mucha paciencia y tecnología. Se percibe una cierta relajación pero no deberíamos dejarnos anestesiar por el chau-chau happy-happy ni tampoco por las interesadas negruras apocalípticas. Hay que pensar con seriedad en la reconstrucción de un país que saldrá desolado del trance, y poco aportarán en esa tarea los insolidarios del separatismo, la demagogia fácil de la coleta y el casoplón, pero también los que pretenda resolver la ruina dando un nuevo tajo o vuelta de tuerca a las cada vez más mermadas condiciones de los trabajadores españoles, o tomando solamente en cuenta las posiciones del IBEX35 cuando a los autónomos no se les perdona la cuota y la PYME tendrá que hacer encaje de bolillos.

Porque si algo se ha puesto de manifiesto en esta crisis es que España, - no como tradición ni como apelación folclórica,- sigue siendo el principal valor al que nos podemos acoger. Por más errores que haya tenido el gobierno de la nación, y de bulto en muchos casos, por más que nos raye la insistencia del discurso sanchista en presentar su gestión como la mejor y la más audaz cuando tenemos la tasa de mortalidad más alta del mundo, por más que ahora desde esas instancias gubernamentales se quiera fabricar un relato que maquille las carencias, lo cierto es que los intentos de las comunidades autónomas por convertirse en un islote aparte para vender un supuesto éxito particular terminan resonando como los platillos de la orquesta, muy estruendosos en el instante pero sin calado duradero en el entramado de la obra. Por otro lado, la UE, aunque más despierta y favorable en los últimos días, se nos ha mostrado como terreno escurridizo en el que si uno se apoya hay que hacerlo sabiendo el terreno que pisa y habiendo estudiado antes qué es lo que se quiere pedir y cual será el precio. De manera que entre los autonómico y lo europeo, España se nos ha presentado como el gran valor en esta pandemia que está poniendo en jaque la globalización y la forma de vida que se iba acompasando a este fenómeno mundial.

Cuidar a España debe ser ahora el gran objetivo, España como valor a proteger. Me han gustado los políticos que no se han salido del cuadro, aquellos que no han pretendido convertir su rancho en una taifa imposible hoy, aquellos mandatarios regionales que se han ajustado al papel que la constitución en rigor les concede: ser representantes del Estado en una comunidad autónoma.

Presidentes autonómicos que no han querido ser otra cosa que eso sin pretender burlar el mando único ni la coordinación nacional presentándose como salvadores de un islote al margen del conjunto. Emiliano García-Page,  tras unos comienzos titubeantes, ha cumplido bien con ese guión, y comenzó a enderezar capeando con buen tino lo del hospital de Toledo sin precipitarse a una apertura imposible desde el gobierno autonómico en plena pandemia y ofreciéndoselo, en todo caso, al gobierno de España y al buen hacer del Ejército. En las comparecencias del domingo por la tarde informa desde esa posición de gestor autonómico. Cuando pase todo habrá que estudiar punto por punto  cual ha sido el resultado en función de los distintos estilos de comunicar.

Y tenemos  alcaldes valorados por todos en su actuación, como el de Madrid, que al ser gestor de lo más inmediato ha sido capaz de arremangarse, sin postureos, sin posar para las foto, haciendo lo adecuado, brindándonos imágenes valerosas sin estar buscándolas con furor. Lo cierto es que en la alcaldía madrileña, y al frente de la ciudad más castigada de España y casi del mundo, ha contado con la posibilidad y la necesidad de gestionar una problemática muy superior a la de sus correligionarios alcaldes de otras ciudades del país. Lo ha aprovechado y se coloca ya como un gran valor en alza dentro del PP.

La política, en fin, afila las navajas, y los españoles contemplaremos atónitos como el momento más grave desde la guerra civil se intenta sustanciar a navajazos dialécticos en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Será en breve. Me gustaría tener alguna duda, pero me cuesta.

@NuevoSurco

Texto publicado en grupo Promecal