23:36h. Sábado, 25 de enero de 2020

Los climas

ENS-Actualidad

>Observen el universo político: Sánchez en el punto álgido de unas negociaciones con ERC, y el PSOE histórico revindicando la unidad de España construida sobre la constitución de 1978. Así Emiliano García-Page  con un mensaje en su cuenta oficial de Twitter ampliamente retuiteado. Mientras tanto, Inés Arrimadas queriendo salvar los muebles que no salvó Albert Rivera. Clima absolutamente enrarecido en un país en plena zozobra y encrucijada total

> Miren lo que ocurre con el clima emocional: está absolutamente degradado porque las personas nos estamos empeñando en falsificarnos a una velocidad de vértigo. La gran contradicción que enfrentamos en nuestras vidas de plástico contaminante es la dificultad para mostrarnos tal  y como somos. Al tiempo que se ha abierto una brecha de libertad admirable para manifestar la opción sexual, se ha reducido hasta extremos insospechados la capacidad de manifestarse libremente en la autenticidad personal, con independencia del sexo o del género. El clima emocional se degrada así, como también ocurre con la autocensura creciente sobre los estados de ánimo menos deseables

>¿Y el planeta? Los expertos aseguran que nos encaminamos hacia un punto sin retorno. Sería urgente ahora concretar los acuerdos de París para que puedan entrar en vigor en 2021 como está previsto. Con esos compromisos mínimos, el planeta se encamina a un calentamiento global de 3´5 º C  sobre los niveles preindustriales. Parece bastante grave. En dos siglos el desgaste y el sufrimiento del planeta ha sido muy superior al de todos los siglos anteriores. Los recursos se agotan, el ecosistema se degrada, el clima cambia e irá convirtiendo en desierto las zonas fértiles  (con la península ibérica en primerísima línea del desastre)

 

Imagen El Roto Cambio Climático
Imagen El Roto Cambio Climático

Nada más importante en la vida que vivir en un buen clima. Palabra de moda a la que se agarra un Pedro Sánchez que, sin embargo, ha creado un clima extraño en el país y en su propio partido. Observen el universo político: Sánchez en el punto álgido de unas negociaciones con ERC, y el PSOE histórico revindicando la unidad de España construida sobre la constitución de 1978. Así Emiliano García-Page este mismo martes con un mensaje en su cuenta oficial de Twitter ampliamente retuiteado. Mientras tanto, Inés Arrimadas queriendo salvar los muebles que no salvó Albert Rivera. Lo cierto es que de climas podemos hablar en múltiples registros.  La cumbre del clima que se celebra en Madrid debería haber incluido un apartado especial sobre el clima emocional de nuestro tiempo, casi tan dañado como el que afecta a la supervivencia de nuestro planeta. Es un decir, aunque es posible que todo vaya unido.

El clima emocional está absolutamente degradado porque las personas nos estamos empeñando en falsificarnos a una velocidad de vértigo. La gran contradicción que enfrentamos en nuestras vidas de plástico contaminante es la dificultad para mostrarnos tal  y como somos. Al tiempo que se ha abierto una brecha de libertad admirable para manifestar la opción sexual, se ha reducido hasta extremos insospechados la capacidad de manifestarse libremente en la autenticidad personal, con independencia del sexo o del género. El clima emocional se degrada así, como también ocurre con la autocensura creciente sobre los estados de ánimo menos deseables. La tristeza, como la depresión, está mal vista porque equivale a derrota personal, con lo cual nos abocan a ser una suerte de esclavos sonrientes que terminan por contaminar, a su manera, el clima emocional necesario para un vivir digno. Prohibido no tener la risa puesta. La vida es un postureo sublime hasta con las legañas puestas y con un contrato de un día.

Por no hablar de la tendencia creciente al etiquetado. O conmigo  o contra mí. Si eres de mi grupo no puedes ser del otro, ni siquiera admitir nada positivo del otro. El eclecticismo se convierte en una brutal herejía, las trincheras en una forma de vida, las redes sociales, preparadas para el enriquecimiento global y sin prejuicios, las nuevas jaulas de la era digital, más sutiles y férreas que las antiguas. El clima emocional, cuyo sustento básico es la libertad, va muriendo entre las ataduras de la neoinquisición implacable.

Pero del clima emocional no se tratará nada en Madrid. Ciertamente no es el caso. Aunque, ¿se llegará a algún puerto en lo que tiene que ver con el planeta?. No  asiste Donald Trump, ni le interesa demasiado a China, y está financiada por algunas de las empresas más contaminantes de España en un ejercicio asombroso de la neohipocresia postmoderna.

Los expertos aseguran que nos encaminamos hacia un punto sin retorno. Sería urgente ahora concretar los acuerdos de París para que puedan entrar en vigor en 2021 como está previsto. Con esos compromisos mínimos, el planeta se encamina a un calentamiento global de 3´5 º C  sobre los niveles preindustriales. Parece bastante grave. En dos siglos el desgaste y el sufrimiento del planeta ha sido muy superior al de todos los siglos anteriores. Los recursos se agotan, el ecosistema se degrada, el clima cambia e irá convirtiendo en desierto las zonas fértiles  (con la península ibérica en primerísima línea del desastre).

Lo peor es que no parece que este tipo de cumbres auspiciadas por Naciones Unidas tengan el efecto deseado, principalmente por la incomparecencia de actores principalísimos en el asunto, y el punto sin retorno se irá acercando hasta que llegue un momento en que las visiones bienintencionadas, patrocinadas por las grandes corporaciones, sobre el crecimiento sostenible, la economía verde o el progreso responsable y controlado no sea más que una linda canción incapaz de evitar que el planeta diga “basta ya, o paras o me paro”. Entonces  no valdrán las medias tintas. Las medidas tendrán que ser tan drásticas que no será suficiente con intentar compatibilizar el crecimiento con un respeto mínimo al medio ambiente. Habrá que dejar de crecer, e intentar organizar todo de otra manera para poder sobrevivir. Es lo que profetizan los teóricos del decrecimiento, corriente totalmente transversal aunque aún minoritaria, sobre los problemas de fondo que se nos vienen encima en las próximas décadas. El tiempo les dará o les quitará la razón. Y eso, que sería el revulsivo total, también traería consigo una cambio profundo en los climas emocionales generados en la edad del plástico y la digitalización total.

@NuevoSurco

Texto publicado en Grupo Promecal

Imagen: El Roto