21:06h. Lunes, 16 de septiembre de 2019

El resto de España

ENS-EspañaVaciada

Llega una familia a un pueblo sin colegio, consultorio médico o internet. Y es entonces cuando pasa por allí un político en campaña subido en un tractor. Todos lo hacen ahora.

españa vaciada
españa vaciada

Últimamente no hay político que se precie con alguna posibilidad de llegar a algo que no se suba a un tractor en campaña electoral. Después ya veremos, porque la moqueta termina pesando y es más confortable que la tierra arada (en el mejor de los casos) de nuestros campos. Un fenómeno insólito y reciente porque lo general era antes, en los más de cuarenta años que llevamos de democracia, que asuntos relacionados con la ganadería o la agricultura ocuparan un espacio mínimo reservado en el último rincón de cualquier debate electoral, a lo sumo cinco minutillos de compromiso para cumplir con la escaleta. Lo cierto es que ahora no es que se hable de los asuntos primarios muy en profundidad, pero no puede faltar la foto del tractor y el acudir a la manifestación de la España Vacía, en la que se encuentra todo el abanico político, desde Echenique hasta Espinosa de los Monteros. Manifestación “in crescendo” y de obligado cumplimiento para gobierno y oposición, para tirios y troyanos, algo así como el feminismo en el 8M. ¿Y después qué?

Porque la España vacía o vaciada es ni más ni menos que casi toda España, es decir, la que no está concentrada en un puñado cada vez menor de ciudades medianas o grandes o en las zonas costeras siempre florecientes con el turismo. La España vacía es el resto de España, casi toda, y estamos llegando al punto de que no haya forma de sostener un país ni ganar unas elecciones sin  contar con ella. De ahí la foto inédita del político en el tractor porque el voto de la España vacía cuenta tanto como el de la España llena aunque después de los comicios se pase de puntillas sobre el problema acuciante del vaciamiento de buena parte de la península como se pasa de puntillas por todos los grandes asuntos problemáticos que van a condicionar seriamente el futuro del país y de la humanidad, desde el invierno demográfico hasta el cambio climático.

Provincias como Cuenca han perdido desde 2011, en plena crisis, más de veinte mil habitantes y es una tendencia que se repite en la mayoría de las ciudades españoles. Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla o Valencia acabarán siendo la excepción.  Vivimos en cada vez menos lugares.  El noventa por ciento de los españoles se concentra en el treinta por ciento del territorio. Las noventa mil personas que habitan una provincia como Soria podrían entrar en  estadios de futbol de las dimensiones del Santiago Bernabéu o el Camp Nou. Soria y Teruel se están convirtiendo en las cabezas de puente de una España distinta que ha comenzado a hacerse visible. Pueblos pequeños que se quedan sin vida. Sus habitantes comenzaron marchándose en busca de oportunidades al municipio más grande de la comarca, con más actividad económica, y sus descendientes han terminado en una ciudad ya muy alejada del núcleo original. Es a grandes rasgos y un poco a brocha gorda el periplo que han seguido miles de familias españolas que, sin embargo, explica bien la culminación del fenómeno que estamos viviendo estos días.

En las últimas décadas los llamados “neorrurales”, en gran medida de nacionalidades distinta a la española, intentaron revitalizar parajes abandonados dotándolos de contenido económico con actividades artesanales o turísticas, y ahí siguen, pero no es suficiente. Lo significativo es que estas personas eran al principio gentes ligadas a movimientos contraculturales inspirados en Mayo del 68, pero ahora son personas normales que sin grandes pretensiones ideológicas ni idealismos inspiradores intentan hacerse un hueco en zonas rurales después de haber vivido en la ciudad una crisis económica devastadora que ha  truncado sueños y expectativas profesionales. Personas de edad mediana con hijos en edad escolar que se plantean reconstruir su vida en algún pequeño pueblo en el que han podido adquirir una casa espaciosa a un precio módico comparado con lo que cuesta un piso en una gran ciudad, y se encuentran allí sin servicios, sin atención médica, sin internet, sin colegio, con una comunicación dificultosa con alguna población grande que, a la par, cada vez se encuentra más desasistida. Y, eso sí, un campo que cultivar o una casa rural por abrir, claro que con unos impuestos que siguen crujiendo en nuestro país a los autónomos. Es entonces cuando pasa por allí un político en campaña subido en un tractor

@NuevoSurco

Artículo publicado en Grupo Promecal