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01:46h. lunes, 26 de julio de 2021

Cuando Castilla fue Noruega

ENS-Actualidad

Dicen que a final de semana recuperaremos un poco de normalidad, pero  ¿qué normalidad?  ¿La de antes, la de ahora, la nueva, la vieja?. ¿Alguien sabe a estas alturas lo que significa la palabra normalidad?. Una normalidad sin Filomena, aunque con Covid19, con  Covid y con vacuna pero con tercera ola y las urgencias de traumatología saturadas. ¡Una locura! Definitivamente la burbuja ha pinchado, la caja de Pandora se abrió y no sabemos dónde iremos a parar.

Imagen Cuando Castilla fue Noruega
Imagen Cuando Castilla fue Noruega

Todavía suena hoy el goteo incesante del deshielo, y lo que queda. Filomena ha sido un paréntesis en nuestra vida atribulada de los últimos tiempos, tan víricos como imprevisibles. Vida que llevamos viviendo desde hace meses en estado de provisionalidad, como entre paréntesis. Filomena nos ha puesto en otra perspectiva: la de que nada es imposible, hasta el punto de que por un par de días la meseta castellana fue un paraje noruego donde el calor del hogar era lo único deseable mientras a uno se le podía llegar a ocurrir tomar un vino caliente viendo el temporal por la ventana. La estampa era demasiado tentadora, aunque fuera, en medio de la gran inclemencia, los protagonistas volvían a ser los españoles en su lucha: sanitarios recorriendo kilómetros para llegar a su centro de trabajo y atender la emergencia sanitaria del Covid19, soldados de nuestro ejército abriendo vías en las ciudades colapsadas, trabajadores de las compañías eléctricas solucionando incidencias, españolitos sin recursos aguantando el temporal con su manta porque el sueldo no da para pagar el radiador. Transportistas llevando suministros desafiando una ventisca durísima. Mujeres y hombres retirando las nieves de las calles en una nueva muestra, otra más en los últimos meses, de que la patria es, al final, el trabajo de los que hacen de la vida un pequeño servicio a los demás. Muchas muestras tuvimos en 2020, durante el confinamiento, y parece que la historia continuará durante los próximos meses. Es el signo de los tiempos, entre el Covid19 y Filomena hemos salido del letargo de la comodidad, dos duros latigazos que nos han puesto repentinamente ante nuestra vulnerabilidad humana y ante ciertas precariedades de nuestras infraestructuras públicas. Ya sabemos que necesitamos más máquinas quitanieves, más kilos de sal, mejorar los medios de la Atención Primaria y más inversión en respiradores. Sabemos que nuestros sanitarios y nuestros soldados necesitan, además de aplausos, estar mejor pagados para acometer con dignidad temporales o pandemias.

Españolitos en su lucha, o en su fiesta: convirtiendo la cuesta del Cristo de la Luz, en Toledo, en una exitosa y peculiar rampa de snowboard, o la Plaza de la Independencia, en Madrid, en una gran explanada para la práctica de una suerte el  esquí de fondo. Como si el apocalipsis no fuera con ellos, o como poniendo buena cara a la gran incertidumbre. Porque el tiempo revuelto en el que andamos metidos ha dado una nueva vuelta de tuerca con Filomena. Acostumbrados desde hace casi un año a convivir con la peor pandemia del último siglo, estábamos todavía masticando las imágenes del Capitolio asaltado, y llegó ella, Filomena, convirtiendo nuestra dura y amada Castilla en una Noruega de calcetines lanudos y chimenea acogedora, o así se pudo vivir mientras fuera el mundo, en la otra cara de la moneda, se rasgaba con la nieve y la ventisca. ¿Hay alguien que pueda dar más? Y ahora la vida sigue, y el Covid19 en su tercera entrega, y la  campaña de vacunación que no termina de arrancar, y el gran deshielo, con nuestros representantes políticos afirmando que  quizá a final de semana podamos retomar una cierta normalidad. Pero, ¿qué normalidad?  ¿La de antes, la de ahora, la nueva, la vieja?. ¿Alguien sabe a estas alturas lo que significa la palabra normalidad?. Una normalidad sin Filomena, aunque con Covid19, con  Covid y con vacuna pero con tercera ola y las urgencias de traumatología saturadas. ¡Una locura! Definitivamente la burbuja ha pinchado, la caja de Pandora se abrió y no sabemos dónde iremos a parar. Y, sin embargo, pensamos que Filomena, en su plácida inclemencia, nos podría traer de regalo, con la nieve y el hielo, un efecto purificador que se llevará para siempre la Covid19 al país de nunca jamás. Pero no será posible y al tiempo que las máquinas quitanieves se afanan en limpiar nuestras carreteras llega Fernando Simón anunciando que el virus se recrudece en los últimos datos y augura semanas complicadas, aunque, ahora sí, tenemos la expectativa de la vacuna a la que esperamos con frío y al borde de la desesperación o el deshielo, una de dos. Y siempre con ese recuerdo majestuoso del día en que Filomena convirtió a Castilla en Noruega. Una auténtica locura.

@NuevoSurco

Columna publicada en los diarios del Grupo Promecal