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16:24h. miércoles, 12 de agosto de 2020

La botella medio vacía

ENS-#MetidosEnUnaBotella

La España de las terrazas irá ahora tomando aliento, entre el #VivaAmancioOrtega y el #MueraAbascal. Tiempos de brocha gorda

Imagen de La botella medio vacia
Imagen de La botella medio vacia

La salida ya está programada. En rigor, ya no estamos metidos en nuestra botella, estamos transitando hacia un paraje desconocido e incierto donde los días estarán hechos con el material de  la paciencia y el esfuerzo. Así se construirá la España postcovid, entre los escombros de una ruina que será la consecuencia inevitable de un parón brutal e insospechado. Nos iba la vida en ello. O parar o perecer. La reapertura será ahora progresiva y con ella vendrá el momento del balance, las responsabilidades múltiples, las chapuzas y los aciertos. La España de los ñapas se ha explayado estos días, pero también la de los finos ingenieros. Somos país de contrastes y bien lo sabemos desde Don Quijote y Sancho.

Todo podía haber sido menos, sin duda. Miremos a Portugal. Sí, están más al Oeste, como dice la ministra Ribera en una de las justificaciones más ridículas del desastre español, pero han sido más precavidos y prudentes. Han hecho más con menos, hicieron virtud de su necesidad y las empresas españolas miran ahora al vecino del Este como un lugar ideal para ir con sus inversiones y sus trastos inservibles en ese otro lado de la península que somos nosotros. Portugal como tierra prometida, acunémonos en un fado y que nos quiten lo bailao. La entente ibérica podría ser el primer paso de una Europa considerada desde las peculiaridades del sur. Quizá ahora sí nos enteremos de una vez que los vecinos de siempre  tienen que ser los compañeros de viaje

Salimos muy doloridos, y la enfermedad se prolongará al menos durante todo este año y el siguiente. El verano será un engendro  que nos intentará vender de la mejor forma un sector hundido y sin perspectivas de futuro pero que ha sido uno de los puntales del a economía española. Todas las ayudas serán escasas para el turismo y la hostelería. Los bares abrirán pero sobrarán camareros y faltarán clientes. Los hoteles también, pero embutidos en un sinfín de normas profilácticas. Las playas estarán disponibles pero serán una distopía alucinante de mamparas y precauciones que las quitarán todo el encanto de humanidad en plena molicie veraniega. La botella estará medio vacía por más que intenten pintárnosla medio llena. La tendremos que llenar nosotros con esfuerzo, sueños y solidaridad.

Mientras, los políticos a la gresca, incapaces del acuerdo; y los obreros en una precariedad en fase creciente, autónomos y pequeños empresarios esquilmados, y casi la mitad de los españoles debatiéndose entre un subsidio o la nada. Ese es el panorama de la nueva normalidad, aunque siempre tendrá algún aliento  la España de las terrazas  que ya va dando síntomas de vida. La España de las terrazas no es como la España de los balcones, que manipulan unos y otros. La  España de las terrazas es genuina y transversal, allí se mezcla todo y nos mezclamos todos, es nuestro parlamento al aire libre, abierto y desenfadado. Van tomando aliento las terrazas en la media España de la fase 1 y allí comenzaremos a contarnos lo que hemos vivido, y a pelearnos también por si fueron galgos o podencos.

Intentaremos mantener la terraza como espacio incontaminado fuera del alcance de unos políticos que  sobetean todos los balcones, con sus aplausos o con sus cacerolas. Un país tremendo en el que el personal transita aborregado entre el #VivaAmancioOrtega y el #MueraAbascal,  sin matices posibles, como si todo pudiera ser solventado con una ridícula y obscena brocha gorda que tanto les conviene a nuestros peores políticos para tener al personal bien amaestrado y dispuesto, carne de cañón y masa de maniobra para una cita electoral que será, cuando se produzca, definitoria de la temperatura social

Las empresas demoscópicas más avezadas pronostican ya el final del ciclo político que comenzó el famoso 15M de 2011, hace casi diez años, cuando la llamada “nueva política” se introdujo en nuestra vida en diferentes versiones y tonalidades para al final convertirse en un mercadillo de quincallas variopintas sin enjundia ni valor. Pronostican, ahora, un repliegue de los españoles sobre las viejas opciones. No lo tengo claro, pero mírenlo como quieran: la botella queda medio llena o medio vacía, si bien hay una mitad sin nada que nadie ha sabido llenar. Es el fracaso de la nueva política que busca acomodo en las viejas estancias con el descaro de un Pablo Iglesias en modo vicepresidente compasivo y bondadoso y que será, sin duda, uno de los perejiles que no faltará en ninguna de las próximas discusiones de terraza

Texto publicado en grupo Promecal

Imagen: Idigoras y Pachi

@NuevoSurco