Buscar
22:17h. viernes, 18 de septiembre de 2020

En el país de las ocho naciones

ENS-Política

>Iceta es a día de hoy el alumno más aventajado de la impenetrable escuela desplegada por Pedro Sánchez para llegar y seguir en el poder. Lo de Sánchez no lo ve claro, ni mucho menos, una parte importante y sustancial del PSOE, en baronías y en otras terminales

> Porque aquí el único que sonríe es el líder del PSC, tan simpático y bailongo, contando naciones. Y dice que le salen ocho y hasta nueve, aunque se deja fuera a Castilla, en toda su amplitud, como si importara poco. Pero es que Iceta no habla de cultura, ni de historia, ni de nada, y dice que se refiere a las comunidades que en su estatuto expresan no sé qué intención. Parece que lo que le interesa realmente  es allanar el camino del discutido y discutible pacto para después reproducir una suerte de nuevo tripartito en Cataluña, como aquel de 2003. Y que le quiten lo bailao

Imagen Miquel Iceta
Imagen Miquel Iceta

Casi al mismo tiempo que el rey iniciaba su reglamentaria ronda de consultas para proponer al Congreso la investidura de un candidato a presidir el gobierno de España, las delegaciones del PSOE y ERC se reunían en Barcelona, este martes, para avanzar en el pacto más discutido y discutible de todos los que se han formalizado en el sistema democrático español nacido en 1978, y han sido muchos y muy polémicos. A pactar con los nacionalistas catalanes comenzó Felipe González, cuando perdió la mayoría absoluta, y le siguió José María Aznar, cuando no la obtuvo en sus primeros años de gobierno. Eran los tiempos en los que un pujolismo a calzón quitado era dueño y señor en Cataluña además de una formidable maquinaria de enriquecimiento masivo para el jefe del clan, los hijos y los allegados de tan engrasada mamandurria envuelta en la senyera. En aquella época, Cataluña era una “nacionalidad” respetada en el foro y desde allí no se contaban naciones, como hace ahora con tanto furor Miquel Iceta, sino comisiones al tres por ciento.

De esos polvos vienen estos lodos, al tiempo que Iceta cuenta naciones en la piel de toro intentando ponerle algodones al pacto discutido y discutible. O distraernos de lo fundamental. Porque Iceta es a día de hoy el alumno más aventajado de la impenetrable escuela desplegada por Pedro Sánchez para llegar y seguir en el poder. Lo de Sánchez no lo ve claro, ni mucho menos, una parte importante y sustancial del PSOE, en baronías y en otras terminales. Ahí tenemos a Eduardo Madina preguntándose en las tertulias radiofónicas si hace falta tanto mendigar una investidura a ERC, si no hubiera sido mejor haberse plantado en el Congreso de los Diputados con la dignidad de una victoria electoral suficiente para gobernar y poniendo en evidencia quien sí y quien no estaba dispuesto a abstenerse para favorecer un gobierno en un país en estado de provisionalidad y emergencia. Eso antes de nada, antes de haber estado arrodillándose ante un partido cuyo líder está encarcelado por haber sido una de las cabezas visibles del más grave intento de violentar el entramado básico de la democracia española, queriendo llevar adelante un proyecto de segregación de una parte de España que, entre otras cosas, supone la exclusión, reconózcanlo o no,  de la parte de la ciudadanía catalana que no comulga con las visiones nacionalistas de Junqueras y Puigdemont.

Pactar con ellos es pactar con un nacionalismo que nunca será sonriente, por más que hayan intentado introducir en nuestra vida la gran mentira de que lo suyo es una “revolución de las sonrisas”. Aquí el único que sonríe es Iceta, tan simpático y bailongo, contando naciones. Y dice que le salen ocho y hasta nueve, aunque se deja fuera a Castilla, en toda su amplitud, como si importara poco. Pero es que Iceta no habla de cultura, ni de historia, ni de nada, y dice que se refiere a las comunidades que en su estatuto expresan no sé qué intención. A Iceta lo único que le interesa realmente  es allanar el camino del discutido y discutible pacto para después reproducir una suerte de nuevo tripartito en Cataluña, como aquel de 2003. Y que le quiten lo bailao.

Pero los tiempos son otros, y más graves. Tiene razón Ignacio Varela cuando afirma que la parte no escrita del pacto, de llevarse a cabo, sería favorecer la investidura de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, a cambio de posibilitar un gobierno de ERC en Cataluña que haría y desharía a su antojo, con todo el control sobre la educación y sobre la “acción exterior catalana” rehabilitada en sus embajadas, para que dentro de diez años sí que haya al menos un sesenta por ciento de catalanes favorables a la independencia. El independentismo habría conseguido así su victoria definitiva sobre un pacto construido sobre dos pilares: la asombrosa ambición de poder de Pedro Sánchez, y la derrota inicial del independentismo a manos de un Estado de derecho que con la ley en la mano supo desactivar todas sus artimañas y terminar con sus dirigentes en prisión. Derrota convertida en victoria:  Eso sería lo más llamativo de la situación, el núcleo mollar de lo que nos ocurriría, lo que debemos saber, antes de que Iceta termine por dormirnos a todos contando naciones como a los niños se les dice que cuenten ovejas para entrar en el sueño. A ello parece que vamos encaminados, salvo sorpresa de última hora. Todavía hay quien tiene alguna esperanza en que Inés Arrimadas le ponga a Pedro Sánchez ante una disyuntiva implacable. Algo así como terminar de un plumazo con el cuento de Pedro Sánchez en el país de las ocho naciones

@NuevoSurco

Texto publicado en Promecal